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Coartada Imperfecta

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ENCHAMARRADO

Josefina Leroux

Cuando me dijo que se iba Sonora pero llevaba su chamarra por si acaso, me olió mal pero callé mi ironía. Con casi 50 grados en verano, él, por decencia usa camisa. Acaba empapado con la mitad de calor. No quise discutir ni hacer un problema y dejé que se fuera enchamarrado.

Quedó de hablarme en cuanto llegara. 

Me ocupé, la oficina estaba llena de cuentas por pagar, por cobrar; pilas de papeles por todas partes y un desorden acumulado por semanas me estaba esperando.

Uf! Me serví una taza de café calientito para despabilarme y trabajar  aprovechando la ausencia de Rafael. Cuando él está, se pone a hablar por teléfono con clientes y me quita concentración.  Tengo déficit de atención y los ruidos me alteran, también las voces y hasta la música. Odio las bandas que él pone de fondo musical. El único estímulo que tolero a la hora de trabajar es el aroma del incienso, copal de rosas. Soy testigo fehaciente del efecto relajante que produce.

El día se me pasó sin darme cuenta de las horas. Cuando me asomé a la ventana las luces de la calle estaban encendidas. Por lo menos avancé y dejé al día los pagos y los cobros. Hago buen equipo con Rafael, él es un vendedor inigualable, y yo muy buena administradora.

Rumbo a casa, me extrañó que no hubiera llamado.

Abriendo la puerta los niños preguntaron por él.  

-¿Y papá?

Hace mucho tiempo que no salía de viaje.

 -Fue a un viaje de trabajo, regresa el lunes, respondí pero sentí un dolorcito en el pecho, inicio de angustia y mortificación, viejas conocidas mías. 

Tomé el teléfono y le marqué pero la grabadora me informó que estaba apagado su móvil. Volví a llamar varias veces y seguía sin servicio. Pasaron las horas y la preocupación galopaba. De pronto se me vino a la cabeza el amigo de Rafael que había desaparecido y el esposo de mi amiga secuestrado. Encendí la TV para escuchar las noticias y la apagué de inmediato. No podía pasarle algo a él.

Hacía dos años que habríamos regresado después de diez meses separados. Nos queríamos y  decidimos de nuevo  disfrutar nuestra vida, juntos. Empecé a recordar momentos importantes y me estremecí. Dicen que cuando ronda la muerte, la evocación de memorias provoca un recuento de vida.

Estaba asustada, la taquicardia no me permitía relajarme, menos dormir por más que me repetía que al otro día tendría noticias.  Su silencio me provocó ruido.

Los malos pensamientos me asaltaron atiborrándome de miedos. Pensé en la chamarra, en los fines de semana que pasamos en lugares fríos que tanto nos gustan. Recordé Valle de Bravo, donde nos reencontramos, esa reconciliación que estuvo mejor que la luna de miel. La botella que nos bebimos para quitarnos el frio, la chimenea, el lago adornado de montañas.

Pero volví al presente. Y de pronto el nombre de una fulana que trabajó con él, me apareció como anuncio luminoso en mi mente. Noooo, estoy loca. Pero no pude quitarme de la cabeza su nombre. Busqué el teléfono del hotel de Valle de Bravo y marqué compulsivamente. Pedí que me comunicaran a su habitación y me asombró la respuesta.

-Su habitación es la 25, pero por favor llamé en cinco minutos porque acaban de llegar y van rumbo a su cuarto.

Conté cada segundo, pero no pude esperar los cinco. No podía marcar el número, estaba temblando. Pedí el cuarto 25, sonó cuatro veces el timbre.

Por fin alguien contestó el teléfono, era él, mi marido. No pude responderle, colgué de inmediato y me quedé helada con una sensación de agitación que nunca antes había experimentado. Sentí que  iba a darme un infarto.

Me tomé una pastilla para poder dormir. No quise darle vuelo a mi imaginación. Debía apaciguar el fantasma de mis celos que tanto daño nos había causado. Logré poner en pausa mi mente. Me relajó tanto la pastilla que babeé la almohada.

Al día siguiente volví a llamar  y esta vez me contestó una voz femenina, ¿era ella? Pero se escuchaban risas infantiles. Volví a colgar el teléfono. Sentía palpitaciones, las manos me temblaban. ¿Qué diablos está pasando?

Una vez más repetí la marcación, estaba grabado el número, pedí nuevamente el cuarto 25. Respondió la misma mujer. Le pregunté por mi marido. No contestó pero escuché que dijo –te hablan…

-Bueno, dijo naturalmente.  No imaginó que podría ser yo. Lo insulté a gritos, estaba como loca.

Cuando colgué noté que había un mensaje en la grabadora de la noche anterior. Era de Rafael, avisándome que había llegado a Hermosillo pero que no había podido comunicarse.

COARTADA IMPERFECTA

PROME SA DE CV

JOSEFINA LEROUX

-Quién es ese hombre?

-¿Cuál?

-¿El alto de cabello negro y ojos claros?

-Es el director de la compañía. ¿Por qué?

-Me gusta para padre de un hijo mío.

-Estás loca. Es casado y aunque no lo fuera, nunca se fijaría en ti.

-Vamos a ver…

-Sr. Director, soy Deborah, trabajo en el departamento de finanzas. Quiero felicitarlo por el aniversario de la empresa. 

-Gracias, Señorita.

-Deja de coquetearle, ¿no te da pena?

-¿Pena, qué es eso?

-¿A dónde vas?

-Te apuesto $500 a que pasó la noche con él.

-¡Eres una descarada!

-Sr. Director, no se le antojarían unos  tacos de cabrito, son los mejores de la ciudad.

-¿Ud. Invita?

-¡Claro!

-Será otro día que venga a Monclova, hoy me regreso al D.F. en el vuelo de las 10 pm.

-Queda de camino, después yo lo llevo al aeropuerto.

-Pues..,  si insiste…

-Cuando quiera nos vamos.

-González, ya no es necesario que me lleves, me voy con la Srita. Deborah.

-Ya vamos a llegar. Se va a chupar los dedos, yo también.

-¿Se le antoja un tequila?

-Uno doble por favor.

-¡Están buenísimos los tacos, el cabrito es uno de mis platos favoritos!

-¿Otro tequila?

-¡Nos lo echamos!

-Se está haciendo tarde, voy a pedir un taxi para que no vaya hasta allá.

-Ni lo pienses, perdón, ¿puedo tutearte? En el norte no sabemos hablar de Ud.

-Por supuesto, Deborah.

-¿Nos vamos?

-No imaginé el tráfico, espero llegar a tiempo para su vuelo…

-Si no llegamos, me quedo en uno de los hoteles del aeropuerto y temprano me voy, no se apure. -¿En quéquedamos? Tutéame por favor.

-Pues estaba de Dios que me quedara en Monclova. Ya no alcanzo el vuelo..

-Déjame aquí en el Holiday Inn.

-¿Me invitas otro tequila?

-Por supuesto, entremos.

-Te alcanzo en el bar, voy a registrarme.

-Nos trae dos tequilas dobles, por favor.

-Qué aguante tienes, Deborah, tienes garganta profunda. Me vas a emborrachar y tú, ¡estás entera!

-No tanto.. Me gusta  esta música, no sabía que en este bar hubiera pista para bailar. ¡Me encanta!

-A mí también, ¿bailamos?, aprovechemos la noche ya que me quedé.¿Te gusta la champagne?. Te invito una copa en mi habitación, podemos seguir bailando  en privado..

-Estoy puesta.

-¡Champagne con fresas en la copa!, ¡qué delicia! Hmmh… Me fascina.

-Tienes la boca más sexy que he visto.

-Y eso que no la has probado…

-Me parece que lo del tráfico fue con alevosía.

-Risa. ¿Cómo lo supiste? No podía haberte dejado ir vivo…

-Mira que voy a tomarte la palabra..

-Te has tardado… No sabía que los chilangos fueran tan lentos.

-Ven acá. Dame el placer de deshojarte…

-¿Siempre usas lencería de encaje o sabias que me excita?

-Me la puse porque sabía que hoy estaría contigo…

-Quién te enseñó todo esto? Tú enciendes mi imaginación.

-¿Te quedas lo que falta de la noche?

-Con la condición de que me hagas el amor hasta que amanezca.

-¿Estaré soñando? Por qué no te había visto, tengo un par de años viniendo.

-Acabo de entrar a PROME (SA)

-¿Tan pronto amaneció?

-Voy a darme un baño. No puedo perder el vuelo esta vez.

-Te vas con cuidado. Risa. Duerme durante el vuelo.

-¿Nos vemos el viernes?

-Por supuesto.

-¿Con quién crees que pasé la noche, amiga?

-Noooo, eres capaz de haberlo raptado..

-¡Exactamente! Y nos vamos a ver el viernes. Ya te dije, va a ser el padre de mi hijo.

-Me asustas, Deborah.

-¿Brindamos, muñeco? Cumplimos tres meses, además tengo algo que decirte.

-¡Salud, belleza! Dime…

-Estoy embarazada.

-¿De quién? ¡Yo soy estéril!