UNA MORAL EN PININOS

moral-en-pininos¿A qué edad los niños pueden darse cuenta de la diferencia entre el bien y el mal? ¿Antes de esa edad no pueden percatarse de la bondad o maldad de sus acciones?

Más de la mitad de las diócesis de Estados Unidos permiten que los niños pospongan su primera confesión hasta los 10 años creyendo que antes de esa edad un infante no puede distinguir entre el bien y el mal.
Concuerda con estudios psicológicos de la infancia.
La psicoanalista M.Lambert escribió que hasta después de los 11 años los niños tienen una idea de la justicia objetiva; antes de esa edad su juicio es absoluto y dependiente del de los adultos, por ejemplo: creen que está bien todo lo que su mamá hace.
Unas de las teorías que más convence a psicólogos y educadores fueron las expuestas por Piaget y Kohlberg quienes concluyeron que la adquisición de la moralidad del niño es un proceso que coincide con el desarrollo de su capacidad para pensar y razonar. Según estos autores, los niños no pueden saber si algo es bueno o malo si antes no tienen una madurez de pensamiento que les permita pensar en alguien más que en sí mismos.
Esto no sucede de un día para otro, el niño poco a poco se va dando cuenta de las normas que sus padres le enseñan y después lo que en la escuela o sus amigos le muestran que se permite o es correcto, y lo que no debe hacerse.
Este proceso de aprendizaje se logra pasando etapas de creciente complejidad, según
observaciones minuciosas de Piaget del comportamiento de muchos niños desde diferentes perspectivas de la moralidad.
Para Piaget, en una primera etapa, el pequeño considera un acto como totalmente bueno o malo, creyendo que si él lo piensa malo es que todos lo piensan así, o si alguien dice que está bien llega a creerlo.
Tampoco puede distinguir la fantasía de la realidad, por ejemplo, lo que ve que se hace en la televisión puede imitarlo exactamente sin ningún detenimiento: Muchos niños se han aventado por la ventana para volar como Superman; dos niños ingleses mataron a uno de 2 años igual que lo vieron en un videojuego.
Más tarde, el niño puede colocarse en el lugar de otros y darse cuenta que lo que para él es bueno para otros puede no serlo tanto, y viceversa.
En cuanto a la intención de sus actos, en la primera etapa tiende a juzgar una conducta por sus consecuencias, de ahí que si un pequeñito toma algún juguetito en un almacén sin que nadie lo sorprenda, no creerá que tiene algo de malo. Un niño mayor entenderá que un acto puede ser bueno o malo por su intención, no sólo por haber sido sorprendido o castigado, de modo que puede darse cuenta que guardarse el lápiz de su compañero es «malo» aunque él no se dé cuenta.
Las reglas son seguidas al pie de la letra por un chiquito, pero cuando un niño madura sabe que las reglas pueden cambiar y que pueden ser flexibles a veces. La clásica anécdota sobre las mentiras blancas ilustra este aspecto de la moralidad; cuando la madre le ha dicho a los niños que no deben decirse mentiras, los pequeños exhibirán a los padres cada vez que mientan cuando se nieguen ante el llamado de un vendedor a la puerta. Un niño mayor comprenderá las excepciones.
La moralidad, según Kohlberg, equivale al sentido de la justicia de una persona. Según este autor, los niños son filósofos natos que intuyen la bondad o maldad y que son autónomos para elaborar su propio sistema moral; ni sus padres ni sus maestros ni nadie se los enseña. Esta teoría explicaría cómo padres muy respetuosos pueden tener hijos delincuentes.
Conforme un niño va desarrollándose moralmente, va madurando socialmente.
Un niño que se porta bien puede interactuar mejor con los demás y ser mejor aceptado
socialmente.
Pero antes de ser morales, los niños tienen una conciencia sobre las consecuencias de una conducta, de modo que un niño en esta etapa no hace algo, no porque sepa que esté mal, sino porque si lo hace, seguro le pegará sus papá, y del mismo modo, puede hacer otra cosa por la recompensa más que por el bien que represente.
Otra forma de explicar la formación de la conciencia o desarrollo de la moral es la
interacción de los niños con su cultura, empezando por sus primeros representantes, sus padres.
Los partidarios de las teorías de aprendizaje sostienen que más que una estructura interna que va madurando, los castigos y las recompensas colaboran a que un niño aprenda lo que está bien o mal hecho, de modo que conforme se le van señalando reglas y normas que cumplir, aprende qué se permite o se prohibe en tal o cual situación.
Y no se necesitan que hayan pasado muchos años, ni desarrollado significativamente su
capacidad de discernir, desde muy pequeño el niño aprende cómo comportarse distinto con su papá, su mamá y con su abuelita que todo le consiente hacer.
Es cierto, las consecuencias del comportamiento van dibujando el mapa de un territorio
seguro para la convivencia, sin embargo, el significado de las reglas no pueden entenderse sin antes cierta madurez requerida. La obediencia puede darse, el niño pequeño puede aprender, como un animal lo hace, a no rebasar ciertos límites, pero la moralidad es más trascendente que eso, y para vivirla se necesita el desarrollo del pensamiento, de la afectividad.
Esto no quiere decir que los mayores tienen una conciencia moral porque se han desarrollado; algunos adultos carecen o tienen una conciencia moral muy precaria y, como los niños, se comportan sólo por miedo al castigo o para ganarse una recompensa o el reconocimiento; la forma como viven las religiones muchas personas puede ser un ejemplo de la primitiva moralidad adulta, así cuando obedece los preceptos al pie de la letra por miedo al infierno, cuando se aparece en el templo para que lo vean los demás, etcétera.
No sólo en los niños existen distintas etapas en la formación y desarrollo de su conciencia
moral, muchos adultos nunca llegan a madurarla quedándose con una moral situacional que sigue viviéndose a lo largo de la vida, de tal suerte que se comportan bien en algunas circunstancias pero mal en otras, especialmente si saben que no serán sorprendidas o están seguras que nadie se enterará.
Los adultos inmaduros moralmente pueden poseer un pensamiento moral, sin embargo, su comportamiento no llega a serlo o se contradice frecuentemente de modo que, saben que están actuando mal, pero continúan haciéndolo.
Teóricamente un niño de más de 10 años tiene la posibilidad de tener una conciencia moral, muchos la desarrollan mucho antes, todos poseen antes una moral intuitiva, ¿qué pasa con aquellos que no la habilitan nunca?
En Estados Unidos, actualmente el rango de edades de la adolescencia está considerado el más peligroso en cuanto a índices de criminalidad se refiere, tendiendo a abarcar cada año edades más tempranas. Aquí en nuestro país, las edades de los delincuentes y criminales también se ha reducido significativamente. ¿Tendrá esto alguna relación con la inmadurez moral de su entorno? ¿Llegarán a ser los niños los peligrosos del mundo futuro? ¿Homicidios perpetrados por niños el año pasado son el signo de los tiempos venideros?
Pero, qué puede esperar una sociedad de sus niños, si el comportamiento moral de los adultos todavía hace pininos…

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