COARTADA IMPERFECTA

6ª entrega

Jugando a los novios

Josefina Leroux

Entrando a casa me recibió mi pequeña Alexa diciéndome: Papi estuvo jugando a los novios con mi tía Lucy. Sentí un golpanazo en la cabeza. Se me nubló la vista y me dio vueltas la casa. La sangre bajó de golpe a mis pies.
Subí a saltos la escalera, entré a la recámara y allí estaba él, relajado, viendo la televisión.
No sabía cómo abordar el tema. Encima, tenía vergüenza de hacerlo, seguía incrédula. Por un momento deseé que mi pequeña hubiera visto mal. Sí, a lo mejor se refiere a la plática o a que Lucy le contaba de su novio, eso ha de ser, me dije.
Pero la sospecha me torturaba. Sin pensarlo más, le dije tal cual: Alexa te vio besando a Lucy, le dije blofeando para ver qué cara ponía.
_¿Quéeee?,- respondió. “Vio mal”, agregó enojado pero muy nervioso.
Salí acelerada, bajé a la cocina para repetirle a Lucy lo que vio la niña sin dar tiempo a que se comunicaran. Mi hermana enrojeció de inmediato y luego se puso como un papel.
Con voz temblorosa me preguntó a qué hora me había dicho eso mi hija.
En un principio, lo negó pero su rostro la delató y no le quedó más remedio que aceptar lo que intuí que podría haber visto Alexa cuando mencionó asustada que los vio jugar a los novios.
Aunque Lucy me explicó que el beso fue porque se habían despedido.
Insistió que no pasó nada malo, y yo por un momento respiré
profundamente queriendo creerle. Es mi hermana, ¡cómo iba a hacerme eso!
No quise hablar del tema para observarlos. Veía en los ojos de Alejandro que algo me estaba ocultando, y al volver a preguntarle y pedirle a gritos que dijera lo que había pasado, confesó que le pidió a ella que lo dejara tocarla y ella aceptó.
¡Queéeeeee! ¿Eso pasaba en mi casa, cuando mi hermana llegaba con cualquier pretexto?
Desde hace años, le pedía que dejara de llevarse tanto con Lucy, me dolía cómo la miraba y coqueteaba con ella. Le llevo diez años y Alex, quince.
La quiso desde niña, luego se fue a estudiar y la dejó de ver hasta que regresó hermosísima. En la cena de bienvenida que le hicimos y desde entonces, los dos no dejaron de mirarse y sonreírse.
Intuía que algo estaba mal pero luego corregía mi pensamiento: cómo, si es mi esposo y es mi hermana. ¡Estoy loca! Nunca se atreverían, me decía para serenarme. Pero después al verlos, volvía a ver claramente una atracción que no podían disimular.
Llegué a creer que yo estaba enferma de celos, que estaba loca. Ahora me admite que todo empezó hace un año, tocándole las piernas a mi hermana en reuniones familiares cuando nadie los veía. Encontré también una conversación en internet en la que le confiesa que le gusta mucho desde siempre, que la imagina en tanga…
_¿Y de qué color?,- le responde, Lucy en un chat.
Cuando le pregunto por qué lo hizo, me da tres versiones: Quiso probar a mi hermana… Luego, dijo que teníamos problemas y como yo no le hacía caso, volteó a ver a Lucy. La tercera versión fue que él se imaginaba a veces que yo estaba con alguien más, por eso decidió hacer lo mismo. El
era muy celoso y posesivo pero no le gustaba mostrarlo, así que toleraba que yo trabajara. Ahora entendía su coartada.
Tiré al piso su ropa del closet, le aventé una maleta y le dije que se largara con Lucy.

josefina.leroux@gmail.com

PERSIGUIENDO A EROS

Para celebrar el 14 de febrero la venta de pastillas azules se incrementa.

Josefina Leroux

“El primer paso”, dijo un urólogo hace un par de días en TV, “es tomar la pastilla azul”. ¿El segundo?, pregunto su entrevistadora, “una inyección directa al miembro viril”. ¿Y la tercera?, interpeló ella menos entusiasta.
“La tercera es la bombita, un implante…”
Pero el médico había empezó diciendo que la disfunción eréctil es multifactorial. Que el tabaquismo, la ingesta de alcohol, la obesidad, la hipertensión, los problemas de circulación sanguínea podían ocasionar fallas. Y había dicho además, que es común que les ocurra a los hombres después de los 40. Entonces, por qué no dice a la audiencia que lo primero es descartar problemas de salud, que ante fallas repetidas vaya a realizarse un chequeo médico general.
Lo segundo sería reflexionar sobre los problemas en la relación de pareja porque afectan directamente su deseo. Claro, esto lo sabemos los terapeutas de pareja y sexuales. Por más que sepan de biología los médicos, de sexualidad sabrán muy poco si no estudiaron la materia ni la psicología de la pareja.
La búsqueda del deseo y la excitación es un nicho de mercado valiosísimo.
El círculo machista está dispuesto a pagar más de 50 mil pesos por un paquete de inyecciones para que se les pare de inmediato.
Son muy experimentados los hombres cazadores de aventuras sexuales pero no tienen idea de la complejidad que involucra la respuesta sexual.
“Ya no tengo deseo”, me dijo un hombre que no llega a los 40 años, “¿será la edad?” “Mi esposa dice que no soy romántico ni sé cómo seducirla; me reclama a diario porque ya no tengo ganas”, agrega. 
Preguntando sobre su relación de pareja menciona que hace poco tuvieron un problema y que a partir de entonces están mal. Ampliando el contexto me cuenta que él se emborrachó un día y que su esposa quería irse con alguien más; cuando iba a subirse al otro auto la jaló del brazo, se cayó y se golpeó. “Fue un impulso para que no lo hiciera, pero no quería lastimarla”. “Nunca lo haría, fue un accidente”, aclaró.
“Ella no me creyó, dice que la golpeé y que soy violento”. “No lo soy, sólo me prendo rápido, pero nunca la he lastimado de ninguna forma”. Lo obligó a ir al psiquiatra quien le prescribió fármacos que le quitaron sus reacciones impulsivas, pero no sabía que éstos también reducen el deseo.
Su esposa tampoco.
Además de su baja libido, ella lo juzga por ese motivo porque es hombre y debiera tener deseo siempre. Ella cree que debería saber cómo seducirla cómo a ella le gusta. No conciencia ninguno de los dos que todos esos factores en juego crean una problemática circular, su falta de deseo, su angustia de desempeño, y no sólo eso sino que el cambio de la imagen erótica que tenía su marido de ella cuando la relación fluía espontáneamente, se comunicaban, y no lo juzgaba, criticaba o exigía.
No sólo con esta pareja, casi todo lo que se hace para perseguir al placer es un atentado a la naturaleza libre y autónoma de su funcionamiento. En la búsqueda desesperada, en los falsos remedios, en las píldoras mágicas está el entramado del problema que evaden o niegan los sexo-comerciantes.
Eros necesita al otro, es sed de otredad, decía Octavio Paz. Pero un otro significativo, no un objeto de posesión ni un amo que dicte un supuesto arte de amar. El erotismo es una experiencia humana de alta complejidad.
Por eso es frágil y volátil ante estereotipos y lugares comunes.
Lo infinitamente pequeño y breve, lo subjetivo, lo simbólico, lo paradójico se conjugan en un instante en lo que se ha llamado el deseo. Eros es la implosión de la pasión y el amor en la imaginación, en la piel y en los sentidos que puede culminar en explosión orgásmica.
La naturaleza subjetiva del erotismo origina la complejidad para su estudio y la volatilidad para vivirlo, más aún si éste depende de la comunión con alguien más, por lo que tiene más de psicología que de biología. El deseo no sólo surge ante cuerpo atractivo, también a la anticipación de un momento fascinante.

Podrá la ciencia médica restablecer la función viril pero no recupera a eros porque “el erotismo es la poesía de la sexualidad” -otra vez Paz, pero ha de ser creación de cada uno o más difícil, la magia de dos.

josefina.leroux@gmail.com

COARTADA IMPERFECTA

5ª entrega

LIMBO

Josefina Leroux

Caminando por la calle Guerrero, les impresionó un anuncio gigante de neón: Limbo, decía. Las tres inseparables amigas empezaron a reír, a mirarse pícaras.
Estaban frente al famoso table dance; llegaron por casualidad y no podían desaprovechar la ocasión para asomarse. El dueño llegaba en ese momento y las tres chiquillas curiosas le llamaron su atención.
-¿Qué hacen por aquí?, les preguntó coqueto.
– Nada, respondieron entre risas ansiosas.
-¿Quieren pasar a conocer? Les invito una limonada.
Con la ternura de los 14 y 15 años, voltearon a ver a Roberta, la mayor de las tres y por algo la líder. Lo que dijera ella, harían. Lo pensó un par de minutos y les cuchicheó algo.
– Bueno, sólo tomamos una limonada y nos vamos.
Entraron por un pasillo angosto lleno de espejos con marcos plateados. Al final se abrió una puerta de vaivén, de pronto estaban en un salón como del tamaño de la cancha de
básquet del colegio. Estaba obscuro, haces de luces moradas se movían partiendo el humo del día anterior.
Emilia se tapó la nariz, olía a cigarro y a puro. – Guácala, les dijo en voz baja a las otras dos que simulaban no afectarse por los olores concentrados, revueltos con aroma de lociones baratas.
– Siéntense donde quieran, les dijo el hombre, un flaco con rasgos árabes. Escogieron unos banquillos altos frente a la barra. Calcularon más de mil botellas, pero quizás sólo fue ilusión óptica por el fondo de espejo en que rebotaban los colores de las luces que las resaltaban, lo que hacían inevitable voltear a verlas..
– Llámenme Miguel, pareció ordenarles. ¿Qué quieren tomar?, tenemos de todo, cualquier bebida del mundo si desean probar.
Nunca habían tenido tantas atenciones de un hombre de esa edad. Tenía más de cincuenta años pero se mantenía más delgado que los hombres de su tiempo.
Nuevamente empezaron las risitas. Roberta se envalentonó y respondió: – ¿qué nos sugieres? Diana, la más pequeña le dio un codazo.
– Voy a prepararles un martini de melón, es delicioso, les va a encantar. Los pidió al barman y en un instante les pusieron frente a cada una, una elegante copa; parecía un cono de cristal con un líquido rosado y un pequeño popote.
– No tengan miedo, pruébenlo, no se los voy a cobrar, hoy es ladies day, las chicas beben gratis.
Estaba vacío el lugar; Miguel, dándose cuenta del asombro de las chicas aclaró que la gente empieza a llegar después de las siete de la noche, a la salida de las oficinas. Eran apenas las cinco.
Se acabaron de tres sorbos el martini, estaba suculento.
– ¿Quieren otro, chulas?, les preguntó Miguel, mas en confianza.
– Bueno, dijo ahora Emilia. Y en un chasquido de dedos, les pusieron enfrente otro martini, ahora de menta.
Voltearon curiosas a ver los tubos que estaban a un lado de la barra.
– ¿Saben bailar? Que empiece la música ordenó Miguel a un mesero y en segundos,
Like a Virgin de Madona, sonaba a todo volumen.
– Uno más, les ofreció el barman. Sin esperar respuesta les sirvió uno de fresa a cada una.
– Nunca los habíamos probado, están buenos para mi fiesta de quince años, dijo Diana.
Estaban gozando el momento.
– Quieres bailar, le preguntó Miguel a Roberta y la jaló.
Bailaba como Ricky Martin. Ella, empezó a marearse.
– Nos van a matar en casa, comentó, empezando a ver como en otra dimensión los riesgos en su aventura. Estaban medio borrachas.
Miguel les dijo que no se preocuparan, se ofreció a llevarlas a su casa y mencionó algo para bajarles la borrachera. Con otro tronido de dedos un hombre que parecía guarura llegó con una vasija plateada con polvo blanco.
– Tomen un poco con sus dedos (les mostró cómo tomando una pizca entre el dedo gordo y su índice), y así, se lo meten en la nariz. Son los polvos mágicos de la felicidad, dijo respirando fuerte dos veces..Roberta, Emilia y Diana, imitaron a Miguel. Enseguida sintieron como si se hubieran conectado a una corriente eléctrica que les recorrió desde los dedos de los pies hasta la punta de sus cabellos.
De pronto estaban eufóricas, más conscientes de lo normal. Se pusieron a bailar dos rolas seguidas. Roberta miró el reloj, eran casi las siete.
– Te tomamos la palabra, Miguel, llévanos a casa, dijo Roberta sin pena alguna.
– Claro, respondió, las llevará Waldo, mi chofer. Y apareció el que había traído los polvos mágicos.
– Cuando quieran diversión ya saben que en Limbo pueden encontrarla. Mando por Uds. el miércoles para el ladies day.
Se despidieron con un beso de Miguel, agradecidas por la aventura vivida.
Subieron a un Cadillac color arena de modelo viejo, pero impecable.
Seguían emocionadas, sentían que les habían cargado las pilas al máximo. Sin embargo no hablaron en el camino, cada una traía su onda…
Afortunadamente no había tráfico y en pocos minutos ya estaban en casa de Diana.
Entraron y se encerraron en su recámara cerca de dos horas, incrédulas de lo que habían
vivido.

El siguiente miércoles regresaron al Limbo; el cielo estaba pintado de rosa con trazos anaranjados. Una luna muy llena completaba el paisaje. En la puerta preguntaron por
Miguel y de inmediato las pasaron. Ocuparon los mismos lugares en la barra. Queremos unos martinis, dijeron al barman seguras de sí mismas, aunque ligeramente nerviosas. En eso llegó Miguel con una sonrisa de oreja a oreja y les dio la bienvenida.
– Qué gusto de verlas nuevamente. Llegaron justo en la Happy Hour les anunció, cuando dos martinis de melón ya estaban frente a cada una. Las luces moradas, el humo y la música volvieron a hipnotizarlas.
En eso, del pasillo se escucharon voces de hombres discutiendo en voz alta. Miguel se puso de pie alterado y preguntó al guarura qué pasaba.
– Voy a ver, le respondió. Se dio media vuelta cuando una docena de policías con armas largas estaban frente a ellas.
– Está Ud. detenido, dijeron imperativos a Miguel. Está acusado de corrupción a menores y de delitos contra la salud. Estas jóvenes pusieron una denuncia en su contra. Miguel estaba lívido cuando lo esposaron y lo sacaron del Limbo.

josefina.leroux@gmail.com

COARTADA IMPERFECTA

4ª entrega

OBJETO DE DESEO


Josefina Leroux


-Huele a caca. ¿Te echaste un pum, Belén?
-Fue mi bebé.
-Déjame verlo. ¿Puedo cargarlo?
-No sabes cómo.
-Tengo cuidado, préstamelo.
-No, es mío. Me lo trajo mi abue de España.
-Pero tienes muchos.
-No es cierto, este es español.
-Préstamelo un rato. Yo te presto mi Barbie.
-No me gustan las Barbies, son flacas. Me gusta más mi rorro.
-¿Cómo se llama?
-No lo he bautizado.
-Los muñecos no se bautizan.
-Tú no sabes, en España sí.
-¿Quién te dijo?
-Pues mi abuela, no ves que acaba de llegar de allá.
-¿Y cómo le vas a poner?
-Le pondré Javi, como mi hermanito.
-¿Puedo ser su madrina?
-No sé, lo voy a pensar, mañana te digo.
-¿Le puedo cambiar el pañal?
-No se ha orinado, está seco.
-¿Por qué tiene vestido con olanes y moños azules si es hombre?
-Qué tonta, trae su ropón para el bautizo, pero tiene 5 pantaloncillos y jerseys.
-¿Qué es eso?
-Así se llaman los shorts y camisas en España.
-¿Dónde es eso?
-En Europa.
-¿De allá es tu muñeco?
-Si, mi abue fue de vacaciones porque ella nació ahí. Allá no se usan las Barbies,
los muñecos son como bebés de verdad.
-¿Le puedes decir a tu abue que me compre uno cuando vaya?
-Le diré. A ver si quiere. Ya me voy.
-Mamá, cómprame un rorro como el de Belén, como el que su abuelita le trajo de
España.
-Ay, hijita, esos no los venden aquí. Pero tú tienes tres Barbies.
-Ya no me gustan mami, no parecen bebés como Javi.
-¿Quién es Javi? Ay mamá, el hermanito de Belén y su rorro, bueno, todavía no lo
bautizamos. Yo voy a ser la madrina.
-¿Ah,si?

-Belén lo está pensando pero seguro que si, porque soy su mejor amiga.
-Bueno, ya metete a bañar.
-Cuando vaya a España la abue de Belén me va a traer un rorro y lo bañaré
conmigo.
-Si sí, pero ya entra al baño y apúrate.
-Niñito Jesús, que la abue de Belén se vaya pronto a España.
-Mamá, mamá, ya regresó la abuelita de veranear, déjame ir a casa de Belén por
mi rorro.
-¡Qué linda! Al rato vamos.
-No mami, por favor, llévame ya.
-Haz la tarea primero.
-Aquí es mamá, esa es la camioneta de su mamá.
-¿Está Belen?
-No Sofía, se fueron de vacaciones.
-¿A dónde?, ¿cuándo regresa?
-No sé, me dijo la señora que el lunes de la semana que viene.
-¿Me dejó mi muñeco?
-No, no me dio nada.
-¿Puedo pasar a su cuarto?
-Discúlpame pero no puedo.
-Ya deja de llorar, hijita. Pronto tendrás tu muñeco, falta muy poco.
-No puede ser mamá, cómo se le olvidó…
-Cálmate, no te pongas así.
-Tú no me comprendes. Desde las vacaciones del año pasado estoy esperando a
mi rorro.
-Sí amor, pero es un muñeco.
-No entiendes, mamá.
-¿Quieres que te llevé a casa de Belén, ya deben haber llegado.
-Siiii mami, vamos.
-¿Está Belén?
-Sí, pásale Sofia, está en su recámara.
-Hola Belén, vengo por mi rorro.
-¿Cuál rorro?
-El que tu abue me trajo de España. El que le pediste para mí, ¿te acuerdas?
-Eso fue hace mucho tiempo. Se me olvidó pedírselo.
-Pero, tú dijiste…
-No llores, cámbiale el pañal a Javi. Voy a la cocina por su mamila.
-Vámonos mamá, rápido, lo más rápido que puedas.
-¿Qué te pasa?, enséñame tu muñeco.
-Se parece al de Belén pero no es el suyo.., ¡vámonos ya!

Psicóloga en lo privado y en lo público. Terapeuta Sistémica.